Descripción
Hay en esta poesía una evidente preponderancia del factor sonoro. La forma –y lo que está detrás de la forma, la vibración– es aquí el contenido supremo. Sí, lo que impera en Kanagawa es la magia del lenguaje. Porque lo que le interesa a la poeta es, sobre todo, captar el misterioso impulso encerrado en la palabra:
Enumerar mil vidas como quien va contando con los dedos
las noches parturientas, como quien le asigna un número
al frío y temblor.
La escritura de Dira Martinez recorre todas las armonías y todas las disonancias. No sólo nos hiere con golpes brutales, sino que es capaz de las más suaves y fascinantes melodías. Su finalidad no es otra que, como quería Rimbaud, “ver lo invisible, oír lo inaudible”. O, dicho de otro modo: entrar en el campo del Grial, instaurar la gramatica celeste en la tierra.
En estos poemas el verbo es el Logos de Dios, un viento que se lleva todo, una oriflama encendida contra la atrofia del espíritu.
Diego Roel
